Hoy te odio un poco más. Parece que con cada día crece el desprecio y el asco que siento por ti. Me divido entre el odio hacia ti y el odio hacia mí por haberme permitido estar enmedio de toda esta mierda por tanto tiempo. Este sentimiento me podrá envenenar el alma temporalmente, pero a la larga me ayuda a abortarte de mi vida para siempre.
La historia comprueba que te hundes en un hoyo y no puedes detenerte, porque no es hasta que tocas fondo que pareces tener un momento de reflexión y claridad, solo para olvidarlo al poco tiempo y regresar al mismo hoyo, o a otro aún peor.
Cada vez un poco peor. Cada vez cayendo más bajo. Cada vez más rápido. Cada vez con más decisión. Cada vez más hondo te pierdes en un inframundo de porquería en donde ya pareces disfrutar vivir.
Creía que ni en mi más patético estado hubiera considerado la posibilidad de caer tan bajo como lo haces tú una y otra vez, hasta que me di cuenta que tú eres mi hoyo y el más grande obstáculo para mi felicidad. Por años me castigué por mis errores, pero la deuda se ha pagado con creces.
Me consuela la esperanza de que este último capítulo sea lo que necesitaba para por fin despertar de esta pesadilla a la que mi enfermedad me ha hecho creer que pertenezco.
Lástima que despertar no sea una opción para ti, pues este infierno sí es tu vida, es la realidad que has creado para ti. El daño es irreparable. Estás condenado a una eternidad en la oscuridad. Espero que haya valido la pena.
¡Que la disfrutes!
